Historia de los Aceites Esenciales

Una visión más romántica de los aceites esenciales los define como la fuerza vital de la planta, equivalente al espíritu humano.

La utilización de aceites esenciales y el conocimiento de sus propiedades curativas remontan a las civilizaciones chinas y egipcias y están consideradas una de las formas más antiguas de medicina y cosmética. A partir de la extracción de aceites esenciales de plantas aromáticas los egipcios hacían pomadas verdaderamente milagrosas. Los aceites esenciales se utilizaban para embalsamar a los muertos, para fines espirituales, medicinales y cosméticos. La reina Cleopatra también es famosa por su conocimiento de los poderes de los aceites esenciales; se dice incluso que utilizó aceite esencial de rosas para cegar a Marco Antonio con su belleza.

Los griegos también comprendieron los efectos milagrosos del aroma de ciertas flores y plantas. Adquirieron la mayor parte de sus conocimientos a través de los egipcios, que eran excelentes conocedores de sus propiedades. El médico griego Hipócrates, considerado el padre de la medicina, recomendaba muchas veces masajes con aceites esenciales y en sus escritos hace referencia a un vasto número de plantas medicinales.

Los romanos, y más tarde los árabes, perfeccionarían los conocimientos adquiridos a través de las civilizaciones precedentes. En la civilización árabe destaca la contribución del famoso alquimista Avicena, pionero en el método de destilación de plantas medicinales con alambiques. A pesar de haber surgido otros métodos más sofisticados, este sigue siendo el más utilizado y aconsejable (ver Métodos de Extracción).

Muchos siglos después, el conocimiento de los poderes curativos de las plantas empezó a perderse, pero su creencia se mantuvo dentro de los monasterios entre los monjes que preparaban, entre otras, soluciones antibacterianas que pretendían combatir las plagas que en la época diezmaban la población. Durante el siglo XIV hubo una epidemia de peste negra por toda Europa, por lo que en las calles e iglesias se quemaban hierbas aromáticas para desinfectar el aire y así disimular el terrible olor de los cadáveres que yacían por todas partes.

Generación tras generación, diferentes culturas utilizaron plantas para aliviar o curar determinadas enfermedades. Con frecuencia, el estudio de estos conocimientos antiguos se ha convertido en la base de muchos avances en medicina. Actualmente, los científicos encuentran más ingredientes vitales en la naturaleza, confirmando las tradiciones terapéuticas practicadas desde hace siglos.