Hidrosoles

Las aguas florales, también llamadas hidrolatos, son el resultado de la destilación de aceites esenciales (vea nuestra sugerencia para destilar aguas florales y aceite esencial de lavanda). Las plantas aromáticas o las flores se colocan en el pote del alambique y el vapor libera las pequeñas bolsas de células donde se encuentran los aceites esenciales. A medida que el vapor se enfría, las moléculas de los aceites esenciales se separan del vapor. Finalmente, los aceites esenciales se quedarán en la superficie del agua, pues son insolubles y, sin embargo, las partículas de aceite impregnarán el agua, por lo que ésta se transformará en agua floral.

Se trata de un producto muy apreciado para perfumar el ambiente y para limpiar y tonificar la piel que contiene algunos elementos solubles en el agua pero no presentes en los aceites esenciales. En resumen, podemos decir que los hidrolatos tienen, en general, las mismas propiedades que los aceites esenciales, pero en concentraciones más reducidas.

Las aguas florales se utilizan frecuentemente en tónicos y lociones para la piel:

- Agua de rosas: suaviza la piel.
- Agua de camomila: calma y suaviza la piel. Ideal para la piel irritada y las ojeras.
- Agua de lavanda: tonifica la piel. Da excelentes resultados cuando se aplica después de una exposición solar gracias a sus efectos calmantes y cicatrizantes.
- Agua de romero: estimula y regenera la piel.
- Agua de sándalo: aconsejable para todos los tipos de piel.

Son varias las aplicaciones que pueden hacerse de las aguas florales:

- cuidado facial y corporal.
- compresas faciales.
- baños aromáticos.